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cómo está el ranking de supermillonarios



Durante años, la lista de los hombres más ricos del mundo funcionó como una foto casi estática del poder económico global. Sin embargo, en el último año esa imagen empezó a moverse a una velocidad inédita. El caso de Mark Zuckerberg lo resume mejor que ningún otro: incrementó exponencialmente su patrimonio en menos de 15 meses, pero aun así cayó cuatro posiciones en el ranking.

Tras haber sido nombrado persona del año dentro del selecto grupo de “Arquitectos de la IA”, según la revista Time, Zuckerberg se vio eclipsado por el avance meteórico de otros gigantes tecnológicos que lograron capitalizar mejor el entusiasmo del mercado por la inteligencia artificial.

En octubre de 2024, Zuckerberg había alcanzado un hito personal al convertirse, por primera vez, en el segundo hombre más rico del planeta, solo por detrás de Elon Musk. En ese momento, la distancia entre ambos rondaba los US$ 50.000 millones, una brecha considerable pero no imposible de cerrar. Hoy, el escenario es muy distinto.

Si bien la fortuna estimada del CEO de Meta ronda los US$ 229.000 millones, cifra que hoy lo ubica en el sexto puesto del ranking global según el índice de multimillonarios que publica habitualmente Bloomberg, la distancia con Elon Musk, el CEO de Tesla y SpaceX, se amplió hasta un nivel inédito: más de US$ 400.000 millones de diferencia entre ambos patrimonios.

El CEO de Tesla y SpaceX no solo mantuvo el liderazgo desde finales de mayo, cuando superó al francés Bernard Arnault, sino que amplió su ventaja hasta niveles casi irreales: su patrimonio trepó hasta los US$ 632.000 millones.

El salto se explica por una combinación de factores: la suba de las acciones de la automotriz, el crecimiento y una reciente valuación de la empresa aeroespacial cercana a los US$ 800.000 millones, impulsada por una venta secundaria de acciones ante una posible salida a bolsa.

Pero Musk no es el único que dejó atrás al creador de Facebook. Larry Page y Sergey Brin, cofundadores de Google, fueron los grandes ganadores silenciosos del último año.

Cada uno sumó cerca de US$ 100.000 millones a su fortuna personal, gracias al fuerte repunte de Alphabet y el modelo Gemini 3, cuyas acciones subieron alrededor de un 78% en los últimos meses. Ese impulso los catapultó al segundo y cuarto lugar del ranking, respectivamente.

El fundador de Amazon incrementó su patrimonio en unos US$ 39.000 millones, hasta alcanzar los US$ 244.000 millones, lo que le permitió consolidarse en el tercer puesto. En su caso, el mercado premió la recuperación de Amazon y su posicionamiento estratégico en la infraestructura que sostiene el auge de la inteligencia artificial.

El cofundador de Oracle, que incluso llegó a superar brevemente a Musk como el hombre más rico del mundo en septiembre, suma hoy unos US$ 231.000 millones.

Su crecimiento se explica no solo por Oracle, sino también por su importante participación accionaria en Tesla, un detalle que vuelve a mostrar cómo las fortunas tecnológicas están cada vez más interconectadas.

El denominador común detrás de estos movimientos es claro: la carrera por el dominio de la IA se convirtió en el principal motor de valorización del sector tecnológico. Tesla y Alphabet lideran ese proceso, seguidas por Amazon, mientras que Meta quedó algo más rezagada.

En el mismo período, las acciones de Meta subieron cerca de un 11%, una cifra sólida, pero muy inferior al ritmo de sus competidores directos. Oracle avanzó alrededor de un 7% y LVMH, el gigante del lujo liderado por Bernard Arnault, menos del 2%.

Arnault es otro ejemplo de esta nueva dinámica. A pesar de haber sumado US$ 11.000 millones a su fortuna, cayó del cuarto al séptimo puesto del ranking, una señal de que el capital financiero hoy se mueve con más fuerza hacia la tecnología que hacia los sectores tradicionales.

La conclusión es tan simple como contundente: en la era de la inteligencia artificial, ya no alcanza con hacerse más rico. Lo que define el poder real es la velocidad a la que crecen las apuestas tecnológicas y la capacidad de convencer a los inversores de que una empresa tendrá un rol central en el futuro digital. En ese juego, Zuckerberg no perdió dinero, pero sí protagonismo.



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