Isabel Riley disfruta su estancia en Rosario. No es habitual verla en Argentina, más allá de que en los últimos años viajó con mayor frecuencia al país de su madre para «visitar a la familia que se fue agrandando», según ella misma cuenta en un mano a mano con Clarín. Nació en Estados Unidos, vivió en diferentes países de Europa y hoy, radicada en España como jugadora del Real Canoe Natación Club de Madrid, es integrante del seleccionado argentino de waterpolo que ya se aseguró una medalla en los Juegos Suramericanos.
En el Invencible Centro Acuático Provincial, Las Tiburonas vencieron por 17-10 a Colombia, a la que ya habían derrotado en la primera fase, y enfrentarán por la medalla de oro a la superpoderosa Brasil, que hizo lo propio frente a Chile con un aplastante 30-4. Argentinas y brasileñas se cruzaron hace apenas unos días, con victoria para las de amarillo con contundencia (17-8), lo que las ubica como candidatas de cara a la gran final. De todos modos, Riley mantiene la fe.
«Estamos para competir, definitivamente. El otro día, con Brasil, tuvimos oportunidades de jugar seis contra cinco, con un hombre de más, y al final no encontrábamos bien el arco, no encontrábamos bien a las compañeras. Tuvimos las oportunidades, pero nos costó finalizarlas. El segundo cuarto lo jugamos muy bien (NdR: fue 4-3 el parcial de ese período en favor de Argentina), bastante unidas, y al final se nos fue escapando. Nos tenemos que agarrar de lo bueno», responde en un rincón apartado de la villa suramericana rosarina.
Subcampeona de este mismo certamen en 2022, sabe la importancia del partido que se jugará a partir de las 12. «Hay en disputa una plaza para los Juegos Panamericanos del año que viene, solo una, para la campeona. Sería muy lindo. Si no, habrá una última posibilidad en un torneo clasificatorio, en abril», analiza la jugadora de 28 años que explica su posición de juego, en inglés, con la palabra utility, que resume su buena visión de juego y su rol como encargada de atraer a las defensoras rivales y dar el último pase.
Riley, en acción durante los Juegos Suramericanos. Foto: cortesía La historia de Riley comenzó en The Woodlands, a menos de 50 kilómetros de Houston, en el estado de Texas. Ahí es donde su madre, argentina ella, se mudó y conoció en la universidad a su padre, estadounidense.
«Viví hasta los 16 años en Estados Unidos. En uno de esos años, cuando era chiquita, tendría diez o algo parecido, vivimos en Argentina, pero después ya no. Volvemos de visita nada más. Después, con mi familia nos mudamos a España, que es donde me enganché con el waterpolo, con los altos niveles de competición. Hay una muy buena liga ahí y pude jugar para algunos clubes», recuerda Isa, como la conocen todos en el seleccionado y en el seno de su familia. Tiene un hermano de 25 años que tuvo que abandonar el deporte debido a una operación de cadera y una hermana de 18, «su hermanita», que juega en la Selección Argentina juvenil.
“Cuando éramos chiquitos con mis hermanos, viviendo en Texas, mi papá era entrenador de waterpolo. Él siempre hizo natación y de vez en cuando hacían waterpolo por diversión, jugaban algunos partidos. Le gustaba mucho. Entonces, empecé a ir a los partidos de las chicas de la secundaria. Me llevaba mi papá y a mí me gustaba ir a ver. Y me re enganché”, explica así el vínculo familiar con este deporte.
Al regresar a Estados Unidos, luego de algunos años viviendo en España, esta vida nómade la llevó al sur de California, donde en la universidad de Long Beach State estudió la Licenciatura en Psicología. “Hay muchos programas para estudiar y también para hacer deporte. Entonces, jugué para esa universidad y así seguí ligada al water. Lo que pasó después, justo cuando me recibí, es que llegó el Covid y me fui para Londres, donde estaban viviendo mis padres. Ahí hice una maestría (NdR: en Recursos Humanos y Comportamiento Organizacional en la London School of Economics). En ese momento me tomé una pausa de lo deportivo porque, obviamente, no nos podíamos juntar”, continúa con su relato.
¿Por qué, entonces, eligió representar a la Argentina? “En Estados Unidos es muy, muy, muy competitivo. Me considero una buena jugadora, pero… -responde y se ríe-. Está muy saturado, hay muchas jugadoras muy buenas. Y cuando estaba jugando allá, uno de los contactos era amigo de Fabio (Lombardo, asistente técnico del entrenador Guillermo Setti). Le mandó unos videos míos y me dijeron: ‘che, ¿te gustaría jugar representando a la Argentina?’. ‘Obvio’, le respondí. Nunca me lo había propuesto. Me presenté y acá estamos”.
Las finalistas de los Juegos Suramericanos. Foto: cortesía En 2021, mientras el mundo comenzaba a reacomodarse tras la pandemia, rápido volvió al ruedo y continuó armando y desarmando valijas. “Volví a Estados Unidos, trabajé un poquito, estuve entrenando y con Argentina justo clasificamos a nuestro primer Mundial, que fue en Budapest. En ese momento decidí buscar alguna oportunidad de irme a Europa a competir con algún club. Eso me ayudaría un montón a tener más nivel. Me fui para Berlín, jugué en club profesional durante dos años, después un año a Francia y ahora estoy en Madrid”, recapitula.
Representante del Real Canoe madrileño, que compite en la División de Honor, la categoría más alta de competencia en España, combina su carrera deportiva con un empleo full time. “Trabajo en una universidad que me queda cerca de casa como gestora de prácticas, algo nada que ver con el waterpolo. Estoy en la parte administrativa de las prácticas, en la salida profesional de los alumnos. Trabajo de 9 a 6 y después, por las tardes, más o menos desde las 7 hasta las 10 o 10:30, entreno. Eso es de lunes a viernes. Los partidos son cada fin de semana o cada dos findes en una liga que dura nueve meses”, cuenta Riley.
Esa es la realidad de muchos deportistas, en diferentes partes del mundo, que no pueden sostener su economía solamente a partir de la práctica deportiva. “Tuve la suerte de encontrar este trabajo y poder jugar con el club a la vez. Por mi parte, lo trato de la manera más profesional que puedo, pero también teniendo en cuenta que estoy laburando. Hay algunos entrenamientos a los que no llego porque son al mediodía, dos veces a la semana”, refleja la entrevistada. Lo vive con naturalidad y mucho disfrute.
Isabel Riley, atleta argentina. Foto: COAEn una situación similar están la mayoría de las jugadoras argentinas, lo que lógicamente limita el rendimiento del seleccionado, que únicamente superó la fase de grupos en uno de los últimos cuatro mundiales y está muy lejos de las potencias en términos de competitividad.
En ese contexto, la clasificación olímpica para Los Ángeles 2028 asoma como un complejo desafío: “La ilusión es total, obviamente, pero lo tomamos paso a paso. Primero está este partido, que es súper importante para ver si podemos tener esa plaza para los Panamericanos. Ahora que se están expandiendo los Juegos Olímpicos, que van a ser 12 equipos en lugar de 10 del lado femenino, el sueño está. Sería algo muy bonito, pero vamos paso a paso”.



